Para comunicarnos mejor, Caperucita
Dicen que los más grandes problemas surgen por malos entendidos, que uno no sabe lo que dijo el otro hasta que el otro dice lo que dijo y el enredo desabotona desencuentros y el error se vuelve inmenso, imparable. Cuando la crisis llega inevitable ante nosotros, la búsqueda del culpable aflora mecánicamente, siempre dirigiendo la búsqueda en el entorno, pero nunca hacia nosotros.
Todo se desvanece y se construye sobre organizaciones, toda relación basada en la interacción entre dos o más partes inevitablemente conforma una organización, ya sea desde una relación sentimental entre dos individuos o una relación empresarial de doscientos personas, todas bajo una misma dirección: realizar tareas comunes para alcanzar mismos objetivos. Una organización basa su composición en una estructura sistemática que agrupa a diferentes partes o elementos, dichas partes tienden a trabajar en conjunto hacia una misma dirección, y para que este trabajo coordinado entre las partes sea óptimo, es necesario que la comunicación entre ellas sea también óptima. Apuntando a la organización más pequeña y no por eso menos compleja, podemos considerar a una relación sentimental entre dos personas, en ella, la comunicación se vuelve elemental si se espera que la relación se torne estable y duradera, según leí por ahí, una de las principales causas para que las parejas se separen es la mala comunicación, mala comunicación que conlleva a malos entendidos, a percepciones erradas, conflictos, mala relación, malas impresiones y otras consecuencias más que lo único que hacen es desgastar la relación y por consiguiente, acabarla.
En las grandes organizaciones las consecuencias de una mala comunicación son similares, muchas veces representadas por las distintas áreas de la organización y por trabajadores que ante los malos entendidos y el incómodo clima laboral que resulta de esas diferencias, ven disminuida su productividad. Es entonces admisible imaginar que una buena comunicación, sea al nivel que sea, ya de pareja, ya de amigos o de organizaciones, siempre debe ser considerada como un factor importante para el desarrollo, el mantenimiento y el progreso de cualquiera que sea el tipo de la organización. El detalle esta en saber potenciar dicha comunicación, reconocer los errores y aprender a convertirlos en potenciales fuentes de aprendizaje. El aprendizaje de los errores y de las fuentes mismas de conflicto consentirá a una organización valerse de esas experiencias para actuar frente a una nueva escena, le permitirá revisar sus propios errores y detectar las fallas que propiciaron los problemas, esto le hará posible implementar, rediseñar y actualizar los canales comunicativos, para así poder evitar que los mismos errores se vuelvan a producir.
Quizás seamos como el lobo que ante un excesivo y desigual tamaño de sus partes sugiere la exageración como excusa para ampliar sus capacidades, y ver mejor y oler mejor; la diferencia esta en que si tenemos en cuenta siempre la importancia de los canales de comunicación y nos hacemos pendientes de ellos maximizando las herramientas que nos permitan dicha tarea, nuestra preocupación nunca será excesiva, siempre será la necesaria. En este caso la Caperucita no es la victima, la Caperucita viene representada por todos los posibles errores y problemas que se esconden bajo el rojo vestido de una inofensiva acumulación de malos entendidos que de no ser considerados adecuadamente, podrían terminar con devorarnos. Es tarea de las organizaciones –los lobos-, reaccionar primero. Esta vez, esta justificado comerse ala Caperucita.