Mis primeras palabras
Todos los padres esperan con entusiasmo las primeras palabras. Es como una competencia a quién nombra primero. Competencia donde la madre la mayoría de veces sale ganadora. Sin embargo, en ciertas ocasiones el padre gana, entonces la madre se siente decepcionada y trata por todos los medios de lograr que su hijo diga la tan añorada palabra “mamá”. En mi caso, según me cuentan mis padres y familiares dije primero “papá”, creo que por eso siempre fui su consentida. Además aprendí hablar más rápido que mi hermana y tenía ciertas destrezas que hicieron a mis padres inscribirme en el kinder muy pequeña.
A pesar de tener sólo tres añitos, yo hacía mis tareas, bueno mis garabatos sin la ayuda de nadie. Lo bueno de mis padres que me dejaron estudiar sin ninguna presión, en el colegio fue igual. Dicen que yo agarraba las crayolas y comenzaba pintar las paredes de mi casa. Mi habitación de juegos estaba toda garabateada llena de dibujos sin forma o de animales indescriptibles. Tenía un gusto por las paredes, esa habitación aún está intacta y algunos dibujas pueden notarse si te acercas a la pared. En el kinder me gustaba pintar con temperas, una vez dicen que dejé las huellas de mis manos en el vestido de la profesora. Los colores eran mi vida. Si veía un dibujo gris y pálido iba corriendo a buscar los plumones y crayolas y le daba vida. Eso lo recuerdo porque me pasó cuando tenía cinco años. Pasaba tanto tiempo dibujando que no me preocupaba por hacerme amiguitos, no era antisocial ni nada parecido, sólo que andar creando mundos mágicos con mi lápiz me encantaba. En primaria me gustaba arte y siempre participaba en los concursos, gané tres veces de las cinco que participé. Mis padres como siempre tratando de ayudarme me inscribieron en un taller de arte, era mi pasión. Terminaba de hacer mis trabajos y tareas lo más rápido posible y me iba a mi salón de dibujo, y comenzaba a dar los primeros trazos hasta que llegaba la noche y me iba a dormir, al día siguiente tenía escuela. Debo tener cantidades de cuadernos de dibujo, hojas y pequeños cuadros que pinté. Mi madre guardaba todo, es increíble la de cosas que mi madre tiene guardadas de mi hermana y mías. No se le perdió ni un sólo detalle de nuestras vidas. Poco a poco, conformé fue pasando el tiempo mi afición por el dibujo desapareció. Creo que fue más que todo por la muerte de mi padre que dejé de interesarme por el arte, mi mayor admirador ya no estaba, no tenía sentido seguir.
Todos sufrimos cuando mi padre se fue, a un mejor lugar como decía mi madre, yo sentía que me había abandonado y creció en mi cierto rencor, que a medida fui creciendo fue desapareciendo. Ya más grande borré ese sentimiento, pero aún así no volví a pintar. Un día revisando las cosas viejas que mi madre guarda con tanto recelo encontré un dibujo que hice de mi padre cuando tenía siete años, lo sabía porque mi madre se había encargado de ponerle fecha a todos mis dibujos. Como estaba un poco borroso por los años, decidí volver hacerlo, así regresé al arte como hace años, por mi padre. Siempre agradezco a mis padres por haberme apoyado y nunca imponerme su voluntad, me educaron libre pero respetando las normas. Gracias a ellos pude hacer realidad mi sueño de convertirme en una artista.