Desaprobar el primer examen

De pequeños desaprobar un examen resulta algo preocupante, no tanto por el curso sino por como lo tomarán nuestros padres, mas aún cuando tienes a padres que son muy competitivos. A veces los padres nos excedemos y en el afán de que nuestros hijos saquen las mejores calificaciones de la clase, los presionamos demasiado, haciéndolos dudar muchas veces de su capacidad para desempeñarse en el ámbito escolar. La tarea de los padres es velar y estar al pendiente de nuestros pequeños en sus cursos, con el único fin de ayudarlos y apoyarlos si se le presenta algún inconveniente, no volverlos participes de nuestras frustraciones académicas.

Cuando era pequeña, estaba en primaria, me caracterizaba por ser muy estudiosa, al principio lo hacía porque mi madre era demasiado exigente, pero poco apoco deje de lado los libros y cuadernos, me encontraba aburrida de pasarme todos los días estudiando. Pronto mi madre se dio cuenta de su error y dejó que me desenvolviera sola en mis cursos, así me fue gustando las materias pero por mi propia iniciativa. Además que en mi salón había un niño que le gustaba competir conmigo, a mi no me importaba en un comienzo, pero sus constantes molestias, me hicieron entrar en la competencia. Los padres de ese niño lo habían acostumbrado a estudiar en base a premios, y él sólo se esforzaba por un regalo y no por el verdadero significado de estudiar para aprender.

Al llegar el periodo de exámenes, parecía que los dos entrábamos en una competencia a muerte. Yo la hacía más por no darle el gusto de ganar, ver esa risa burlona, era la escena que no quería volver a repetir en mi vida. Sus padres sabían de la competencia que había entre ambos y le prometieron que le darían una jugosa propina si me ganaba y me arrebataba el primer lugar. Así la semana siguiente a los exámenes él se acercaba a mí con sus pruebas y comenzaba la comparación. En realidad parar esa situación hubiera sido lo mejor, yo no tenía ganas de seguir en la competencia, pero la terquedad de mi compañerito era tal que no podía desistir en mi afán de darle una lección. La mayoría de veces yo le ganaba, sin embargo, para él ganarme por lo menos en una prueba era motivo suficiente para deleitarse y vanagloriarse. Pero como dice la canción “todo tiene su final” y el final de la competencia fue el día de entrega de los últimos exámenes.

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  • Este niño, al parecer había dado mal sus pruebas, en algunas sacó una nota aceptable, pero hubo una en especial donde por primera vez desaprobó. Los ojos se le llenaron de lágrimas, no lo podía creer, dejó de lado su carita burlesca. No era que me alegrara la situación, sin embargo se lo tenía merecido, siempre molestaba a los demás haciéndoles ver como brutos. Desde ese día no volvió a molestarme, aunque a los demás si. La profesora también era todo un personaje, amiga de la madre de este niño, le perdonaba las constantes burlas que en su presencia él le hacía los demás.

    Ahora lo que se de él es que siguió así hasta la secundaria y que ingresó a una universidad privada. Imagino que sus padres siguieron presionándolo, algo que seguramente él hará con sus hijos. Ver al estudio como una manera de conocer el mundo es la manera más correcta de estimular a los niños.

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